El amor evoluciona, no sólo pasa
o se apasiona incandescente en el deseo.
Nos transforma
en la paciencia de su convivencia,
o en la seducción del perdón que nos besa.
Somos lo que nos amamos.
Y ya no estamos solos en la soledad,
ni tristes en la tristeza.
Vemos una sonrisa que nos quiere,
con esa ternura que nos da por entero su vida.
Y el amor va madurando en los detalles,
en esa constante correspondencia
y agradecimiento.
No era cuestión de un rato
o de unos buenos paisajes.
Había mucho más. Ahora lo sabes.
Y ya no pienso que la muerte nos separe.
Guillermo Urbizu
¿Es «Magnifica Humanitas” también un texto programático de León XIV?
-
¿Hay un programa de pontificado explícito? Sí. León XIV no se limita a un
documento monográfico sobre IA: convierte el desafío tecnológico
en ocasión para ...
Hace 1 día

y si nos separa...permanecemos
ResponderEliminar