lunes, 8 de agosto de 2011

El baúl de los sueños rotos

Los últimos meses fueron los peores. La desesperación le inundaba: él se ahogaba y el mundo le describía el agua.

La tenue luz que le rodeaba poco a poco iba convirtiéndose en ciega oscuridad. El ventanuco que le comunicaba con el exterior iba estrechándose paulatinamente. La "habitación de su vida" era un lugar frío, pequeño y oscuro. Su única compañía era la causa de ese clima gris y opaco: el baúl de los sueños rotos que tenía en un rincón de la habitación. En numerosas ocasiones, a diario continuamente, intentaba tirarlo por el ventanuco pero apenas podía moverlo, tampoco vencía a su cerradura, buscaba sin éxito la llave que le permitiera abrir el dichoso baúl y poder vaciarlo de todas las vivencias que le estaban amargando su propia existencia. Todas las mañanas se anticipaba al alba y buscaba con desenfreno en tiendas y anticuarios de la ciudad una llave, la llave de su liberación. Un cuarto de siglo buscando infructuosamente.

Esa precipitación le había cegado a lo largo de este tiempo, la llave que eliminaría el baúl que le atormentaba la tenía muy cerca. La acariciaba continuamente, de forma indirecta, a lo largo de su vida y en diferentes circunstancias había tenido acceso a ella pero ofuscado en la búsqueda afanosa no era capaz de contemplarla.

La llave de su liberación era una mirada eterna y creadora. Con el descubrimiento de la mirada liberadora ha comenzado a expulsar del baúl la inmensidad de los "sueños rotos" que le colapsaban el ánimo, no sabe cuánto durará la mirada: ¿suficiente tiempo para que llegue a vaciar el baúl?

Anoche, el júbilo sublime que le inundaba, volvió a susurrarle en el silencio de la madrugada: "¿ y si esa mirada fuera un sueño? ¿Otro sueño roto?". Continuará.

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