lunes, 2 de noviembre de 2009

El mayor genio de la historia

¿Por qué Mozart es tan carismático? ¿Por qué hay gente que llora cuando escucha la música de Mozart? ¿Por qué para unos es el mayor genio de la historia y para otros es un niño inmaduro? ¿Por qué su música aparece en más de doscientas películas? Y hay más: El "efecto Mozart". En 1993, Frances Rauscher, psicóloga, y Gordon Shaw, neurobiólogo, ambos de la Universidad de California, publicaron en Nature un estudio según el cual se aumentaba entre ocho y nueve puntos el coeficiente intelectual tras la escucha de la Sonata en Re Mayor, para dos pianos, KV 448 de Mozart. Cuestiones como éstas, hacen de la figura de Mozart un enigma. El 27 de enero de 2006 se cumplirá el 250 Aniversario del nacimiento de Mozart. De aquí a entonces iremos publicando diversos artículos sobre el compositor austríaco, con el fin de indagar un poco más en la vida del que fue el mayor genio de todos los tiempos. Mozart ha sido entre los grandes maestros de la música el único que cultivó todos los géneros con igual interés, enriqueciéndolos con obras excepcionales. Comenzó a componer con una edad precoz incluso para un niño prodigio. A pesar de esto, no decayó nunca su nivel musical, desarrollando ampliamente las alas de su genio. Hasta Mozart la música había sido compuesta para ser usada como música de consumo, para la comunidad, para la contemplación religiosa, para el placer y, en menor medida, para el interés de los conocedores. Después de Mozart, la música iba a ser para la vida, para el amor, para la sombra de la muerte, para las más profundas experiencias del individuo. Nunca se ha dado en la historia un genio que dominase todas los campos de su arte. Algunos han sobresalido en lo escénico, otros en lo sinfónico. Hay quien se ha sentido inspirado en la música para teclado, y qiuen ha encontrado en el violín su compañero inseparable. Todo compositor ha tenido limitaciones ante determinada formas: Bach, sin ópera, Beethoven, casi sin ella, Chopin, sin orquesta, Wagner, sin piano, etc. Sólo Mozart alcanza la misma altura en la ópera, la sinfonía, la serenata, y otras formas sinfónicas menores, la música de cámara, la sonata para piano o para violín, la canción y todas la formas posibles e imaginables de hacer música. La creatividad de Mozart parece cosa de magia. Cuando llevaba una obra a los pentagramas, ya la tenía en su cabeza, imaginada del principio al final con todos sus detalles, así que el escribir para él era un simple esfuerzo mecánico, que podía hacer aunque alguien conversase a su alrededor. La producción de Mozart no es una invención en sentido clásico del término. Es la expresión de lo que es, de lo que él ha percibido y que nos transmite irresistiblemente. Su creación no está contaminada, es pura, sin alteraciones, sin búsqueda estética. En la última carta a su padre le escribe: "(...) todo está compuesto, sólo falta escribirlo". Estamos aquí tocando uno de los misterios esenciales de este hombre, que muerto a los treinta y cinco años, tuvo tiempo de componer 626 obras repertoriadas por Kochel, sin hablar de las que han desaparecido y que a veces salen a la superficie con motivo de una subasta. Como han comprobado los estudiosos de su música, Mozart no era una fiera para el trabajo, como se podía pensar ante la inmensidad de su producción. Amaba la vida, le gustaba beber, comer, amar, reír, bromear. Tenía tiempo para existir, para contemplar a sus contemporáneos con una mirada a la vez crítica y divertida, para asistir a las obras de otros músicos y para mantener aventuras amorosas. Atado por la doble necesidad de ganarse la vida y de componer, Mozart se distribuía sus jornadas entre las mañanas, consagradas a las lecciones, y las tardes, resrvadas a los conciertos. Hay un dato escalofriante: lo que Mozart hizo en 35 años, un músico normal necesitaría dos vidas de ochenta años en igualarle. Su música nos transmite algo especial que pone en evidencia nuestro potencial creativo y nos hace sentir como si fuéramos los propios autores de lo que escuchamos. Nos hace creer que la frase musical se desarrolla de la única manera como podría desarrollarse. Karl Barth vio en Mozart un oído único abierto a la música de la creación: "él escuchaba la armonía de la creación, a la cual también pertenecen las sombras, pero son sombras que no son oscuridad, carencia que no es derrota, tristeza que no puede convertirse en desesperación, problemas que no pueden degenerar en tragedia, y una melancolía infinita que no es, en última instancia, forzada a reivindicar el dominio indiscutible. Ello, no obstante, la alegría de esta armonía no es ilimitada. Pero la luz brilla tanto más intensamente precisamente porque centellea a partir de esta siembra (...). Mozart no vio esa luz más de lo que la vemos nosotros, peró escuchó toda la creación del mundo envuelto por esa luz". En sus obras reina un sentimiento de seguridad permanente. No hay momentos insólitos. Todo esta perfectamente ligado. El pensamiento se desarrolla sin choques ni sorpresas. Mozart se vuelve así accesible a todos y jamás nos cansamos de escucharlo. Sentimos constantemente una felicidad y un sentimiento de perfección que no se encuentra en ningún otro compositor, por más alegre que éste sea. Mozart nos lleva a otro universo, nos hace resonar a través de nuestras fibras más sensibles. Gracias a su música podemos vibrar con nosotros mismos, tomar conciencia de nuestro ser. A Mozart no le interesa en absoluto revelarse en nosotros, sorprendernos, dejarnos atónitos. Al contrario, con su música nos conduce a un lugar donde comenzamos a ser nosotros mismos. Más de dos siglos han pasado de la desaparición de este gigante de la música, sin embargo su presencia crece como una realidad profética que se confirma con el tiempo. Mozart, el iniciador de las generaciones del futuro, permanecerá sin duda vigente por largos siglos más. Finalizaría con tres citas donde se intenta explicar el por qué de Mozart Bernard Shaw: "nada en arte supera lo mejor de Mozart". Antonio Gala: "Dios se alegra cuando ve que los hombres escuchan a Mozart". Goethe: " Un fenómeno como Mozart queda para siempre como un milagro que no se puede explicar".

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